RELAX

Jacarandas

Estimada(o) próxima(o) jefa(e) de Gobierno de la CDMX:

 

Yo sé que le he insistido por años pero nuestra hermosa Ciudad de México tiene el privilegio de ver la primavera anunciada con paisajes bellísimos que se pintan violáceos por el florecimiento de las jacarandas. Lo mismo son arbustos o grandes árboles de hasta 30 metros que nos dotan no sólo de una visión seductora, sino de un aroma dulce y alegre; un perfume desenvuelto que arrastran las corrientes de aire de las plácidas tardes soleadas. Sí, las jacarandas nos embriagan de vida la vista y el olfato, que en compañía del viento, nos hacen llover esas pequeñas flores en un paisaje sin igual.

 

 

Poco antes de que en México nos viéramos enredados en la revolución, en el mundo surgió el “Movimiento  para embellecer las Ciudades”, para contrarrestar la sobreurbanización y vitalizar los espacios públicos de las urbes con alta densidad poblacional, como en Chicago, que en pocos años se había llenado de edificios, vecindades y viviendas compactas y saturadas. Con este Beautification Movement se dieron cuenta que se podía dignificar la vida de las personas al contar con espacios públicos estéticos, bien cuidados y donde las familias pudieran compartir y distraerse al aire libre. Curiosamente, se percataron además que el contar con dichos espacios, disminuían los delitos. Y es que no podemos negar que con espacios públicos espléndidos y utilizables, se mejora la calidad de vida. Algo que por décadas, se descuidó en México.

 

Y las jacarandas nos dan un poco de esa belleza tan necesaria en nuestra metrópoli. No por nada, el general Cárdenas –según Enrique Krauze- mandó plantar cientos de ellas, “porque le daban alegría y elegancia a la ciudad”. Y Salvador Novo, en su poema Florido Laude, escribía “[…]la jacaranda de Guadalajara/que inmola alfombras tenues a los pasos románticos”. Por su parte, Alberto Ruy-Sánchez dice en YouTube: “la jacaranda acentúa la vida, hace levantar la vista, descubrirla esplendorosa y fugaz. Por su flor, hasta los otros árboles se vuelven más presentes y cada humano recupera, tal vez, una dimensión de sensibilidad perdida”.

 

Entonces, insisto –de nuevo, lo lamento- en mi pública propuesta al Dr. Miguel Ángel Mancera y a quien pueda ayudarnos: el Gobierno de la CDMX podría seleccionar una zona grande, en el bosque de Chapultepec o en algún espacio similar, un lugar para sembrar cientos de jacarandas trazando un trayecto, tal y como los japoneses lo llevan haciendo desde hace siglos en Shinjuku Gyoen con los cerezos o los norteamericanos con el ya famoso Cherry Blossom.

 

Desde luego que hay temas más importantes (aunque dar calidad de vida a los habitantes me parece uno de ellos), y no dudo que hasta habrá quienes encuentren sucia y molesta, la caída de las flores que Paco Ignacio Taibo I, calificaba como “tapetes floreados que son una alegría de paisaje en que uno quisiera poder levitar, porque da pena pisarlas”.

 

Pero complemento la propuesta: se estima (según The Fiscal Times) que el Festival del Cherry Blossom, le deja a la ciudad de Washington, D.C., casi 130 millones de dólares en turismo directo (falta considerar la derrama indirecta) en menos de tres semanas, por la gente que viaja a ver los cerezos florecer. Se estima que esto deja hasta nueve veces más a Japón. ¿Por qué entonces no hacer de las jacarandas de la CDMX un festival y una industria turística también? Ahí sí nadie podrá negar la importancia que pudiera tener para la ciudad, la creación de belleza, trabajos y flujos económicos nuevos.

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1 Comment

  1. Paola Landeros
    11 abril, 2018 at 10:16 am

    Me encanta la idea 👏🏽👏🏽

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