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La Grandeza de Guillermo del Toro

Para los que sabemos de cine (y también para los que no sabemos tanto), Guillermo del Toro es uno de los nombres que más nos suena conocidos cuando hablamos del nuevo (¿sigue siendo nuevo?) cine mexicano.

Quizás hay nombres que nos resuenan aún más, como los son los de Cuarón o Iñárritu, quienes han tenido la oportunidad de brillar antes con películas que han peleado por la máxima estatuilla del mundo del cine, los Óscares. Guillermo siempre ha parecido que está un paso atrás de sus dos colegas. Pero no dejemos que las apariencias nos engañen. El mexicano es un genio en su propio terreno, y su aproximación y gusto por los monstruos y lo fantástico hacen que tenga un estilo único, muy diferente a todo lo demás y tal vez sólo comparable con la genialidad de Tim Burton.

 

 

Uno de sus primeros trabajos es “Cronos”, película que escribió y dirigió en 1993 y que le permitió sentar las bases de su estilo oscuro y que le fue reconocido en el Festival de Cannes. En este largometraje colaboró con Ron Perlman que más tarde veremos convertido en el icónico “Hellboy”: héroe (o anti-heróe) que personifica a la perfección la visión que Del Toro tiene de él mismo: el monstruo, el alienado, el apartado que tiene lo que se necesita para darle la vuelta a la suerte y brillar con su propia luz.

Para 1997, dirigió y co-escribió “Mimic”. Película que nuevamente se adentra en el terror, pero ahora con un twist de ciencia ficción –algo que a lo largo del tiempo sería característico de Guillermo- y que permitió que varias miradas dentro de la meca del cine ya lo tomaran en cuenta. Para el 2001 dirige y escribe “El Espinazo del Diablo”, un narrativa centrada en la guerra civil española y que a la larga reconoceríamos como el inicio de una serie de películas en las que el director y escritor coquetea con lo fantástico y lo real, haciendo que la audiencia misma dude de lo que está pasando en pantalla y que se adentre por completo a la psique de los personajes.

Para 2002 se afianza en Hollywood con la segunda entrega de “Blade II”, la cual dirige y le permite estrenar dos años después “Hellboy”, película que por muchos años ha sido referente de Del Toro y que le permitió irse moviendo hacia arriba en la escalera de los directores reconocidos por su estilo único y propio.  Guillermo para este momento ya es un nombre consagrado en los géneros de fantasía y ciencia ficción.

 

 

Para el 2006 su “Laberinto del Fauno” lo pone en la mira como un director capaz de mover fibras profundas en la audiencia, mientras sus películas parecen fábulas fantásticas y metafóricas que son capaces de traspasar el tiempo y las fronteras para convertirse en universales.

Dos años después, nuevamente dirige y escribe “Hellboy II”, con una de las criaturas favoritas de la mitología de Guillermo y que lo consagra como referente. Tarda 5 años en sacar su siguiente película “Titanes del Pacífico”, dirigida y co-escrita por él y que cuenta con obvias referencias e influencias de la animación y cine japoneses, en la que un grupo de robots gigantescos, comandados por héroes comunes, debe pelear contra monstruos del mismo tamaño.

Y tras la “Cumbre Escarlata” de 2015, relato de nueva cuenta de fantasmas, destino y fantasía, que ahora se ve protagonizada por grandes nombres de Hollywood como Tom Hiddleston y Jessica Chastain, Guillermo estrena la que hasta ahora es su mejor película “La Forma del Agua”. Un hermoso relato, bien balanceado entre historia y actuaciones, en las que los puntos más icónicos de Del Toro: fantasía, mitología, anti-héroes, ciencia ficción, se hacen presentes en una suave amalgama que sirven solamente de contexto para presentar una historia de amor. Les aconsejo que vayan al cine a verla antes de la premiación de la Academia ya que seguramente saldrá galardonada.

 

 

Así que después de este breve repaso por la carrera del increíble Guillermo, espero que le den la oportunidad de ver algunas de sus películas, las que no hayan visto, y si ya las han visto, las vuelvan a ver ya que este señor es imperdible por su grandeza.

 

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