PENSAMIENTO

S19, Crónica De Una Más. Somos Muchos.

 Hace una semana “retumbó mi tierra” y comenzaron una serie de días que tengo nublados y desorientados. Nunca pensé que en una semana podrían volcarse en mi un sinfín de experiencias que me marcarían de por vida. Desde el día D una fiera interna me obligó a salir de mi casa, sola y responsable de mi misma, a media noche buscando dónde poner mis manos y uñas para quitar escombro y acarrear piedras con la esperanza de vida. Me descubrí sumamente pequeña ante el monstruo de emergencia que se vivía en las calles cerca de las zonas cero. Las luces rojas y azules eran una constante, las cintas amarillas in

vadían por todas partes los accesos y la gente en estado de alarma era un denominador.

 

Durante 6 días encontré la forma de cuidar y solidarizarme con la gente de mi México sin dejar de cumplir con mi responsabilidad laboral y la encomienda de vida que tengo con mi hija. De pronto fui brigadista por las madrugadas, profesionista durante el día y madre entre los huecos de uno y otro. Desde mi primer enfrentamiento con la situación, haciendo honor a mi academia, sentí la necesidad de tomar registros y comunicar todo pese a mi evidente condición de migrante digital. Así, sin querer y ameritando la emergencia, también perdí mi privacidad y me convertí en aquella que dejó de lado la importancia del rímel corrido, brillo en la cara, ojeras visibles y mi pésimo atuendo al transmitir en vivo datos y hechos de cada lugar en el que me paraba. Tuve la fortuna de estar virtualmente cobijada por un grupo llamado Pandas Rojos y por la Ibero, mi Universidad, quienes accionaron igual que yo y yo con ellos. Así, mientras le robaba a mi cuerpo horas de sueño, alimento y paz, magníficamente él me dio cientos de horas de fuerza, garra y astucia.

 

No tengo idea de cómo lo logré, pero en 6 días di lo mejor de mí en cada lugar donde tuve el tino de llegar. Peten, Saratoga, Viaducto, Tlalpan, Pacífico, Chimalpopoca, Multifamiliar, Rébsamen y Alvaro Obregón fueron los únicos a los que pude darles mis manos y mi mente. ¡Y siento tanto no haber podido hacer más! En todos los lugares, y durante todos esos días, descubrí a jóvenes proactivos e imparables, comprobé la empatía y el amor de la gente por cuidarnos a brigadistas y rescatistas. Los vi levantar basura y mantener ordenada la zona para seguir funcionando. Testifiqué con mis propios ojos cómo un grupo de chicos eran capaces de cargar una columna de pesado concreto y subirla a un camión de volteo… se manifestaba la fuerza de las generaciones que vienen detrás de mí. Si no lo hubiera visto jamás lo hubiera creído. Comprobé la convocatoria de la gente en conjunción de redes sociales al hacer un llamado de material y equipo de construcción y ver que todo, absolutamente todo, llegó.

 

 

Conforme pasaban las horas de emergencia todo se veía más turbio y durante la segunda madrugada, en Petén, sentí lo que es el cansancio y aun así necesitar no parar porque de verdad queríamos seguir dando todo lo q pudiéramos. Esta vez yo no estaba sola pues llegué con un buen amigo a quien le prometí que sólo estaría un par de horas y me iría sin despedirme. Él se integró en la “cima” del edificio (o lo que quedaba de él) para palear y picar y a mí, sin distinción de género y para mi sorpresa, me fusionaron de inmediato en una “línea” de acarreo de escombro con cubetas.

 

 

No supe cómo pero después de 6 hrs seguidas estaba yo sobre el penúltimo piso del edificio, y muy cerca de mi amigo, haciendo la imparable labor junto a mucha gente más que hombro a hombro ya eran mis nuevos mejores amigos en los que podía confiar pues sabía que no permitirían dejarme “caer” descuidadamente ninguna cubeta con kilos y kilos de peso y llena de escombro. Todos sabíamos que nadie nos soltaría esas cubetas sin cuidar que estuviéramos listos para tomarlas y que el siguiente compañero la recibiría de inmediato “quitándonos” el peso de encima. Así todos nos convertimos en personas muy cercanas que, a la “voz” de un puño cerrado, lográbamos un silencio sepulcral el cual suplicábamos no lo fuera en realidad. Era justo en ese momento en que todos comulgábamos al unísono pues sabíamos que un puño arriba significaba una esperanza de vida hasta que se nos pedía seguir labores y todos pedíamos a Dios, o al Universo, que la siguiente víctima aún tuviera aliento.

 

 

Se tatúa en tu mente y tu pecho saber que estás parado encima del cuarto de una niña, escalando sobre su colchón y removiendo sus muñecos o zapatos. Es inexplicable el saber que estas sacando una estufa completa hecha una sola placa de acero. Es estremecedor notar que un piso completo cabe sólo en 30cm y que estas parado en él. Me resulta imperdonable asimilar que todo lo aprendido, durante 38 años de vida, es falacia. Enterarte por tus ojos que los marcos de las puertas no son los más seguros ¡y te consta! porque, justo después de acarrear un marco de éstos y fragmentos de tablas, Marina te pide que te repliegues pues han encontrado a una mujer que no… NO lo logró… tampoco.

 

 

De pronto conforme pasaron las horas durante esa noche, y todas las demás, colaboré con mis nuevos amigos de los que desafortunadamente no conozco nada más que su voz y sus ojos pues el indispensable tapabocas no te permite saberle más y mucho menos sus nombres; pero siempre me dieron sus manos para auxiliar mi subir y bajar de cada construcción y lugar. También serví café y regalé sonrisas a muchos rescatistas y voluntarios e incluso, junto a un desconocido viejo amigo, planté un árbol extraído por un trascabo de la zona cero de Rébsamen. Hoy tengo fe de que se reponga como mi corazón lo necesita también.

 

 

La furia que inicié sola la terminé viviendo con amigos, familia y compañeros presentes, como en Chimalpopoca, o recibiendo en mi propia casa a conocidos que no veía hace 10 o 15 años. Ellos especialmente me hicieron el favor de olvidar protocolos de diplomacia y corrección social mientras me confiaban en la entrega de donaciones que yo llevaría personalmente a las zonas cero para los rescatistas y brigadistas. ¡Hay tanta gente de gran valía a mi alrededor! El honor es mío.

 

 

Quisiera nunca tener que haber vivido esto, pero ahora sólo puedo decir que me siento orgullosa de la gente que está haciendo esta labor desde su trinchera, ya sea detrás de una computadora coordinando y verificando cada dato o los que estamos en campo atendiendo a lo solicitado y rogando ayudar a cumplir tres cosas: a) encontrar a todos los posibles de entre escombros, b) ayudar a recuperar lo posible de viviendas e inmuebles y c) dar fuerza moral y material, a quien lo perdió todo.

 

 

Dicen los mayores que el temblor del ’85 fue peor que este, pero sin duda éste es nuestro temblor y nos duele, nos duele muchísimo. Sin embargo, es el temblor en que las nuevas generaciones nos dijeron que sí pueden sostener su país y se asienta en actas el legado que nuestros padres dejaron: firmes cimientos llenos de valor, solidaridad, garra, unión y conocimiento de cómo se debe accionar en un caso así. Hoy todos supimos cómo actuar porque hace 32 años nos demostraron cómo va.

 

 

Debo ser un poquito más fuerte y entender que mi tierra se recuperará, al mismo tiempo que yo, mientras no deje de ser constante con mi parte durante mucho tiempo porque esto requerirá de muchos días, semanas y meses… o más. Reconozco que antes de esto nunca había cantado mi Himno Nacional con tanto coraje, ni con tanto amor. Quiero seguir haciéndolo, pero ahora de la mano de mi hija, la voluntaria brigadista más pequeña que conozco, porque estuvo durante 6 días “atrapada” en un departamento con mis papás siendo paciente, consciente y valiente para que yo pudiera usar mis manos y mis uñas para ayudar a sus semejantes.

 

 

Hoy me reconozco afectada, dolida y colapsada por ver, saber y entender tanto. Pero al menos hoy sé con certeza que no estoy sola -no tan sola- ni tan pequeña como cuando esa noche del 19 de septiembre salí de mi casa a ofrecerme. Hoy sobretodo sé que somos muchos… ¡Muchos!
Y sí, sí sigo…

 

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3 Comment

  1. Reply
    Angeles
    11 octubre, 2017 at 3:56 pm

    No cabe duda, tú, como muchos otros y otras jóvenes, eres una guerrera. ¿Qué más se puede pedir para hacer un gran país ? Gracias por compartir tus experiencias.

    1. Reply
      Nuria López
      13 octubre, 2017 at 12:03 am

      Gracias a ti por darle un tiempo a estas letras. #SomosMuchos #Todosuma Gracias a ti por que seguramente también has hecho tu parte. Slds!

  2. Reply
    Abdrea Millán
    14 octubre, 2017 at 5:42 am

    Excelente escrito, gracias por esa entrega en esos 6 incansable días y por compartir para no olvidar. Abrazo desde mi trinchera!

  3. Reply
    Hildcipt
    18 octubre, 2017 at 5:31 am Comment awaiting approval

    Also that we would do without your very good idea
    [url=http://www.studynexus.net/forums/viewtopic.php?f=16&t=68352]coyote[/url]

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