En esta ocasión les voy a contar una experiencia personal. Cuando decidí vivir sola fui impulsada y motivada por muchas cosas, en pocas palabras las circunstancias me llevaron a aceptar la realidad que poco a poco me iba acechando y cada vez era más cercana a mí.

Vivir sola me parecía una experiencia que nadie en esta vida debería perderse, podría decorar mi espacio a mi gusto, haría lo que yo quisiera cuando yo quisiera, serían mis reglas, mis fiestas y principalmente les demostraría a las personas que me rodeaban lo chingona que soy (disculpen la expresión). Claro que todo era hermoso ¿Qué podría salir mal?

Conforme vas creciendo la vida y en tu casa te enseñan valores y el amor hacia tu familia, pero principalmente te enseñan que uno debe estar bien con los hermanos porque cuando los padres se van ellos son los que se quedan, te enseñan a que sean tus amigos, tus cómplices de travesuras y los primeros a los que recurras si necesitas algún consejo, en pocas palabras cuando se busca a un amigo se busca a alguien que sea como tu hermano. Lo que jamás te enseñan y nadie te dice cuando emprendes esta aventura de “vivir sola” es que tienes que dejar a tu compañero de juegos atrás. Y dentro de las cosas que podrían salir mal esta fue la que jamás contemple, pero la primera que me invadió.

Cuando dejas la comodidad de tu casa adicional a que ahora ya tienes que pagar tu renta te encuentras con la famosa “soledad” pueden ir miles de amigos a ayudarte para cambiarte de casa, acompañarte a cenar, desayunar, tener novio para el fin de semana, pero cuando todos se van eres tú con la soledad, es aquí cuando aprendes a convivir contigo, lloras, sacas tus demonios, odias estar sola, comienzas a ver todo mal y estas a punto de regresar llorando al lugar de donde saliste.

Cuentas, pagos, comidas, gastos, limpieza, todo eso comienza a desbordarse del vaso y uno no sabe de dónde le caen tantas cosas, comienzas a limitarte en las salidas, en tus lujitos y haces lo que tus papas siempre te decían que hicieras ahorras. Aunado a esto sientes que estas sola pero que no puedes darte por vencido, que tienes que seguir y es aquí donde te amarras los pantalones y te pones a “echarle ganas”.

Es complicado comenzar solo, “estar solo”, pero la experiencia de vida es increíble, te das cuenta que, si puedes, te pones retos y metas. Ahorras para tener un mejor futuro, una mejor vida que tu casa se vea más bonita por tus propios medios, aprendes de los errores de despilfarrar dinero y sobre todo aprendes a quererte y a valorarte y comprendes que es lo que quieres en tu vida. Con el paso del tiempo esto te servirá para el momento que decidas tener una pareja podrás elegirla sin la necesidad de sentirte atada a alguien por lo que pueda ofrecerte.

No digo que salgas corriendo de tu casa y busques tu propio departamento sobre todo si aún no estás listo para hacerlo, es decir la madurez de irte por decisión propia y no por berrinche, pero cuando te llegue ese momento no tengas miedo de todos los obstáculos que se ponen a tu alrededor, no tengas miedo a la soledad créeme que será tu mejor compañera en esta aventura, como todos los caminos no será fácil, pero te dejara un buen aprendizaje.

Sobre El Autor

Ana Jiménez

Soy Ana Jiménez, Lic. En Administración Turística tengo 28 años, en unos meses 28. Veo la vida desde un punto muy diferente al crecer con hombres no me considero una típica mujer ya que arraigo gustos un tanto tomboy. Mi carácter es fuerte y mi apariencia es dulce. Todo eso intento reflejarlo al momento de escribir.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.