DE ROSAS Y TORMENTAS

Los Motivos De La Lluvia

Durante algún tiempo he postergado escribir sobre el tema, ¿por qué? Debería ser muy sencillo hacerlo. Es sólo hablar de mi primer libro, me digo, cuenta el proceso, me repito. Y sin embargo, aparece el temor de por medio para quien se atreve a desnudarse en público a través de las palabras.

Han pasado más de 4 meses desde que De poemínimos y aflorismos para tardes lluviosas vio la luz en un día de finales de enero, y desde entonces juntos hemos recorrido varias ciudades en distintas presentaciones. Ha sido una maravilla conocer de cerca a los lectores, ¿a cuántos más sería posible llegar?

 

Intento hacer memoria del origen de estos primeros vientos, intento buscar el cúmulo de emociones del proceso creativo y es que más que una lluvia, fue un torrencial y una hecatombe. Fue en sus inicios una catástrofe que derivó en la necesidad por contar una historia: la mía.

Aprendí a escribir a los 3 años. He dedicado la mayor parte de mis días a ello, mis proyectos giran en torno a las letras por vocación y profesión aunque debo confesar que hace apenas un par de años concebí la posibilidad de dedicarme a la escritura, ya que por mucho tiempo no consideré que tuviera el talento y el impulso para hacerlo. De todo lo que alguna vez he creído, aprender a creer en mí –sin duda- fue lo más complejo.

 

Este primer libro es acerca de los encuentros y las despedidas, de cómo la lluvia simboliza a una mujer en sus procesos: desde los primeros vientos hasta la última gota. No es un encuentro con un hombre o una tercera persona (aunque hay de por medio, por supuesto). Es acerca de cómo descubrí lo fundamental del amor propio y lo necesario de abrazar la soledad un domingo por la mañana mientras acariciaba a mi gato, bebía té y leía algún libro de Cortázar o Milán Kundera en mis días de universidad. No estaba sola, estaba conmigo y he ahí el erotismo del cuerpo de una mujer desnuda que lee en voz alta cuando ella es su única escucha.

Este libro es sumamente confesional. Es muy íntimo en su forma de ser breve y contundente, de estar construido por pequeños pasajes que más allá de contar mi historia, narran una distinta según quién lo lea y el momento de su vida en el que se halle. Es también acerca de la calma, de cómo la tormenta pasa de caer e inundar en toda su intensidad, hasta alcanzar el sosiego del olor a tierra mojada cuando la lluvia se ha ido.

Escribí a lo largo de cinco años sin saber que algún día tomaría la forma de un libro y habría de publicarse. Lo escribí para mí, para contarme cómo enfrenté el llanto, cómo las pérdidas fueron solo el principio de todo aquello que vendría después, lo esencial de soltar. Lo escribí para demostrarme que la lluvia también depura y se lleva lo que no hace falta, y después quise compartirlo con la gente. Le tengo fe a las palabras.

Como todas las primeras veces, diría que las páginas de esta lluvia están llenas de emotividad y de pequeños errores que a futuro será posible corregir. Es un proyecto autogestionado, lo cual significa que yo lo pagué de mi bolsillo y con mi trabajo (gracias también a la colaboración de las personas que creyeron en mí para lograrlo), ya que por distintas razones no quise recurrir a una editorial. Me involucré en cada parte del proceso: desde la portada, el diseño, las ilustraciones, la compaginación, hasta cada aspecto de gestión cultural de los eventos. Lleva literalmente mi sangre, horas de sueño y lágrimas puestas en él.

De vez en vez la gente me pregunta si ha valido la pena el esfuerzo y la respuesta siempre será un gran y rotundo SÍ. Para publicarlo, debí vencer mis temores a la crítica, knockear a los “no puedo”, “es muy caro”, “esto no es para mí”. El año anterior había pasado algunos meses en cama luego de un accidente automovilístico, la pérdida de una vida en mi vientre y el diagnóstico de una enfermedad autoinmune. Tenía todos los elementos y excusas posibles para tirar la toalla y quise hacerlo, claro. No obstante, supe que esto sería mayor que yo, que tenía algo más que hacer que el solo hecho de darme por vencida. No nací para mirar mis escombros y cenizas, nací para contemplar la belleza de reconstruir a mano la ciudad en ruinas que también he sido. Nací para cruzar mis puentes y dejar huella al atravesarlos.

Vivo para contarla y estos son los primeros vientos que atestiguan mi trabajo. El origen de la Tormenta se gestó un noviembre de hace 5 años. Ahora estoy aquí para dejarla en tus manos.

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1 Comment

  1. Gabriel Gamar
    26 junio, 2017 at 10:15 am

    Hola, he estado siguiendo tus textos a través de Ella Llueve, me llamó mucho la atención de este título y ahora descubro quién está detrás de él. Me agrada mucho tu forma de escribir. Sigue adelante y no te detengas, tienes muchos que contarnos y la lluvia siempre te seguirá inspirando. Un abrazo

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