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Gracias Por Ser Mi Mamá

¿Cuantas peleas no se han generado porque pensamos que nuestras madres quieren controlar nuestras vidas?

Ellas nos dan consejos que no siempre tomamos en cuenta porque pensamos son muy anticuados, pasados de moda o que simplemente ella no sabe lo que está diciendo por ser tu mamá y no tu mejor amiga.

Ser mamá debe ser un trabajo muy difícil, les toca formar grandes seres humanos y muchas veces los hijos no salen tal y como ellas hubieran esperado, ellas nos guían por el camino que consideran que es el mejor para nuestras vidas siempre tratando de darnos todo lo que ellas jamás tuvieron o más de lo que tuvieron, pero al final nosotros somos los únicos responsables de las decisiones que tomamos en nuestra vida.

¿Nunca han pensado lo duros que somos con nuestras madres? O ¿el empeño que ponen en criarnos?

Cuando somos niños ensuciamos todo, hacemos travesuras, lloramos, las hacemos enojar con nuestras malas calificaciones, cuando nos expulsan de la escuela, cuando tiene que ir a hablar con la mamá de otro niño por que le pegamos, o porque peleamos. Somos una montaña rusa de emociones para ellas, muchas veces hacemos travesuras de las cuales quisieran reírse, pero se aguantan con tal de darnos un aprendizaje sobre aquello que hicimos mal.

En la adolescencia les damos muchos dolores de cabeza, los primeros amores, las salidas a escondidas, cuando queremos experimentar miles de cosas de las cuales estamos o queremos estar seguros ellas jamás han escuchado. Las primeras resacas, los primeros pleitos al no sentirnos comprendidos, las primeras contestaciones, las primeras veces que ella llora porque siente que pierde el control sobre ti y todos le dicen que solo es una etapa.

Cuando por fin comenzamos a madurar buscamos volar del nido, tener miles de metas miles de sueños y ella es nuestra única porrista, cuando descubres que con el paso de los años es ella la única que te entiende y te preguntas ¿cómo es posible? ¡Antes parecíamos no tener nada en común!

Cuando decides que será de tu vida y ella decide apoyarte y decirte que siempre estará ahí para ti.

Cuando cumples tus metas, tus sueños, cuando no los cumples, cuando sientes pena de decirle que estas fracasando porque en el fondo aun te da miedo que te regañe, pero ella aún sigue ahí, a pesar de todo.

Conforme vamos creciendo nos hacemos más duros o más nobles en la manera de tratarla, nos queremos comer el mundo y la juzgamos por no entendernos o pensar que quiere que nos quedemos por siempre a su lado. Pero la frase de “algún día me entenderás” y “lo hago por tu bien” son ciertas. Con el paso de los años aprendes que cuando te decía que saludaras a las personas no era por molestarte era para hacerte educado, que cuando te decía esa amiga no es tu amiga no lo hacía porque no quisiera que tuvieras vida social, lo hacía porque sabía que efectivamente las cosas con esa niña iban a terminar mal.

Ellas tratan de entendernos y nos aman sin importar que. Gracias mamá por ser mi mamá.

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