DE ROSAS Y TORMENTAS

Cicatrices

Me gusta que las mujeres comprendan lo mucho que significan las marcas en su cuerpo y la manera en que éstas narran las diversas batallas de las que han resultado victoriosas. Sólo basta falta dirigir la mirada hacia la mitad del cuerpo para que cualquiera descubra el origen del mundo: en el principio, hubo un ombligo. La cicatriz primigenia que dejó huella en la materia. ¿Por qué te avergüenza, entonces, algo que la naturaleza te brindó para hacerte parte de ella?

¿Tienes estrías? Recuerda que diste vida y tu piel se estiró durante 9 meses para convertirse en hoguera y hogar de un nuevo ser. ¿Cicatrices en las rodillas? Prueba irrefutable de una ventana que mira a una de las mejores épocas: tu infancia. ¿Marcas en tus senos, en tu abdomen, en tu frente, en tus muñecas, en cualquier parte tuya? Sobreviviste al cáncer, a las cirugías, te enfrentaste a ti misma. Tu tenacidad venció con fortaleza a cualquier fuerza impuesta. Estás aprendiendo a amarte tal y como sí eres, no como otros te dijeron que fueras. Eres bonita como tú elegiste serlo, sin pretender, dejando a un lado el hecho de quedar bien.

Tus cicatrices no son mas que formas de enaltecer los años que han pasado por ti, de darle sentido al saber de que toda cicatriz vale, excepto la de una herida que fue inmune al aprendizaje.

Me gusta que las mujeres se alejen de la idea preconcebida de belleza y se acepten tal y como están. Sin importar quién, sin importar cómo. No hay de qué avergonzarse, no hay nada qué ocultar, no hay algo que resulte despreciable. Hay mucho digno de ser admirado. Escribe una poeta hindú: “tu cuerpo/es un museo/de desastres naturales/ puedes entender lo espectacular que es eso”. El mío, por ejemplo, es una tormenta.

Y es que es así, las cicatrices dibujan la cartografía de la erótica femenina. Cuánta sensualidad hay en un cuerpo cuyas marcas demuestran que ha tenido la valentía y el coraje de aferrarse a sí mismo, de gritar el dolor que ha padecido en carne viva, de desgarrarse las vísceras si amerita, de ponerse de pie porque lo han hecho menos al pertenecer a un género. Cuánta valía en el mural que es su cuerpo.

Miro mis cicatrices: cuentan la historia de cómo una herida finalmente habrá de sanar.
Ésta es parte de la mía.

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